Zonas de Rebelión

Hoy estamos de regreso al lugar que nos ha sigo negado, al lugar que ha sido enterrado y que está resurgiendo. Que no nos engañen las nuevas filosofías, donde nos dicen que todo somos hermanos, pero los nuestros, los de nuestra sangre son los que mueren de hambre, los de nuestra sangre son los que mueren violentados, nuestras mujeres son las que son asesinadas, nuestros líderes sociales son los que están entregando su sangre, no son ellos, los hijos de los hijos de los que nos han despojado, los que sufren las consecuencias de este sistema caduco, son ellos los que lo siguen dirigiendo, son ellos lo que no quieren que aquí se haga la danza, los que no soportan el sonido del huehuelt.

¡Vuela pensamiento, con alas doradas,

pósate en las praderas y en las cimas

donde exhala su suave fragancia

el dulce aire de la tierra natal!

¡Oh, mi patria, tan bella y perdida!

¡Oh recuerdo tan querido y fatal!

La historia es inseparable de la tierra, la lucha de clases está bajo tierra y, si se quiere captar un acontecimiento, no hay que mostrarlo, no hay que pasar a lo largo del acontecimiento sino hundirse en él, pasar por todas las capas geológicas que son su historia interior (y no sólo un pasado más o menos lejano).

Vivan los que salen a las calles y a las avenidas por primera vez en la vida.

Vivan los que han pasado toda la vida en las calles y no se han fatigado.

Vivan los que conservan el corazón limpio después de tantos fraudes.

Vivan las que escarban en la cáscara de la derrota hasta encontrar la victoria.

Vivan los que persisten, las que advienen, los incansables.

Sabemos -nosotros que hicimos estos filmes feos y tristes, estos filmes gritados y desesperados donde no siempre la razón habla más alto- que el hambre no será curado por los planeamientos de gabinetes y que los remiendos del tecnicolor no esconden, sino agravan sus tumores. Así, solamente la cultura de hambre, manando de sus propias estructuras, puede superarse cualitativamente; y la más noble manifestación cultural del hambre es la violencia.

Mientras no levante las armas, el colonizado es un esclavo.

El amor que esta violencia encierra es tan brutal como la propia “violencia” porque no es un amor de complacencia o de contemplación, sino un amor de acción y transformación.

Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces

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