The Flesh Quartett

El olor a carne humana no se me quita de los ojos.

Siempre he estado muy impresionada por las imágenes relativas a mataderos y a la pieza de carne, y para mí están ligadas estrechamente a todo lo que es la Crucifixión… Es seguro, somos pieza de carne, somos osamentas en potencia. Si voy a una carnicería, encuentro siempre sorprendente no estar allí, en el lugar del animal…

La pieza de carne no es una carne muerta, ha conservado todos los sufrimientos y cargado con todos los colores de la carne viva. Convulsión y vulnerabilidad. Reconstrucción y diligencia.

Todo humano que sufre es pieza de carne. La pieza de carne es la zona común del hombre y la bestia, su zona de indiscernibilidad. La carne es ese “hecho”.

Hueso de perro, revienta. El miedo que se desploma sobre ti te despedaza en la misma medida de lo posible, porque bien sabes que debes pasar a ese otro lado para el que nada en ti está dispuesto, ni siquiera ese cuerpo, y sobre todo ese cuerpo que abandonarás sin olvidar ni su materia, ni su espesor, ni su asfixia imposible. La carne, una suerte de ventosa pegada al alma, cuya aspereza corre hasta los últimos límites de los sensible. Somos carne.

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