El lenguaje de los huesos en la Nueva Tenochtitlan (2)

Sueño de la Razón. La Antropología forense, los peritajes judiciales y la genética forense han sustituido ya a las pseudociencias fisiognómicas y a la Frenología a cuyas decimonónicas contradicciones el filósofo Hegel les dedica un considerable pasaje en su Fenomenología del Espíritu. No podemos asegurar que aquellas ciencias humanas hayan evolucionados de éstas pseudociencias pero sí podemos afirmar que las antes mencionadas tienen validez científica en las actuales investigaciones biopolíticas sobre crímenes de Estado y desaparición forzada. Tanto así que de un hueso puede depender toda la credibilidad y legitimidad de un Estado “moderno”. Modernidad hasta los huesos. Así como la frenología afirmaba encontrar el carácter y destino de los individuos en sus protuberancias óseas, así las más novedosas investigaciones forenses, por otros medios, tienen que hacer descansar la identidad indubitable de un individuo en su resto óseo. ADN analizado, cadenas de montaje ribonucleico ensambladas por las deseantes máquinas austriacas. Acumulación de credibilidad por desposesión narrativa. Narración hasta los huesos.

Tercero-sueño-en-off. Somos huesos sembrados estremeciendo una “Verdad Histórica”. Tiempo dislocado desarticulando materias insistentes. Somos tierra sometiendo su corteza a las fracturas más sensibles, a las radiaciones más imperceptibles. Fosa común de una tierra en común. Embriones soportando la estratificación de nervios, nacimiento de las sensaciones-quebranto de los reinos. Nueva Tenochtitlan hasta los huesos. Su pensamiento hasta los nuestros. Alegría de los mártires. Migración de los pueblos, invención de las comunidades, traición a los monumentos, tropas desobedeciendo. Trabajo de los esclavos,  goce de los amos. Tzompantli secularizado. Somos la desbordante desconfianza de los pueblos. Los hematomas de los detenidos, excoriaciones de los inculpados, costras hemáticas de los torturados, sus escritos exculpando la sensación de lo revelado. Los huesos del Espíritu. Somos la potente Vida en descomposición, somos su proceso de demolición.

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