Devenir-Animal

Creemos en la existencia de devenires-animales muy especiales que atraviesan y arrastran al hombre, y que afectan tanto al animal como al hombre. La máquina de caza, la máquina de guerra, la máquina de crimen entrañan todo tipo de devenires-animales que no se enuncian en el mito, y menos aún en el totemismo. Esos devenires pertenecían esencialmente al hombre de guerra. Todos juntos propagan el contagio. La guerra, antes de ser bacteriológica, ha implicado secuencias zoológicas. Con la guerra, el hambre y la epidemia, proliferan los hombres-lobo y los vampiros. Las Manadas no cesan de transformarse las unas en las otras, los hombres-lobo una vez muertos se transforman en vampiros.

El devenir es del orden de la alianza. Hay un bloque de devenir que atrapa a la avispa y a la orquídea. En un devenir animal, siempre se está ante una manada, una banda, un doblamiento, una multiplicidad. Nosotros, los brujos, lo sabemos desde siempre. Un devenir-animal, una pululación de animales, una manada, minan las grandes potencias molares. Una elección maléfica es la instauración de un agenciamiento, máquina de guerra o máquina criminal, que puede llegar hasta la destrucción.

Hay animales más demoníacos, de manadas y afectos, y que crean multiplicidad, devenir y poblamiento. Todo animal también puede ser tratado bajo el modo de la manada y el pululamiento, que a nosotros, brujos, nos conviene. Bancos, bandas, rebaños poblaciones no son formas sociales inferiores, sino actos y potencias, invocaciones, que arrastran a todo animal a un devenir no menos potente que el del hombre con el animal. Las bandas humanas y animales, proliferan con los contagios, las epidemias, los campos de batalla y las catástrofes.

Los animales tienen mundos. Lo que es absolutamente fascinante son los asuntos de territorio. Los animales que tienen un territorio son algo prodigioso. Porque construir un territorio es casi el nacimiento del arte. Color, campo, postura son las tres determinaciones del arte. Pues el territorio es la propiedad del animal. Salir del territorio es aventurarse y no hay territorio sin un vector de salida. Y no hay salida del territorio, es decir, desterritorialización, sin al mismo tiempo, un esfuerzo por “reterritorializarse” en otro sitio, en otra cosa. Todo esto es primordial en los animales. Los que tienen una relación animal con el animal son los que reconocen estas señales. Un animal es un ser al acecho. Nunca tenemos tranquilo al animal.

El lobo, el caballo, el coyote dejan de ser sujetos para devenir acontecimiento, inseparable de una hora, de una estación, de una atmósfera, de un aire, de una vida. Los animales se componen con el aire y la luna llena. El clima, el viento, la estación, la hora, no son de otra naturaleza que las cosas, los animales o las personas que los pueblan. Devenir-noche de un animal. Devenir-tormenta ¡Así hay que percibir! Las relaciones, las determinaciones espacio-temporales no son predicados de las cosas, sino dimensiones de multiplicidades. La tormenta forma parte del ser del animal. La tormenta es el Animal. Las formas y los sujetos no pertenecen a ese mundo. Noche, tormenta, murmullos. Es el tiempo del acontecimiento, tiempo no pulsado, tiempo del devenir que enuncia velocidades y lentitudes.

 

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