El lenguaje de los huesos en la Nueva Tenochtitlan (1)

El lenguaje irradia en la materia un estado de excepción no declarado, es en los huesos y en la carne cinemática donde también es posible rastrear la historia de una auténtica política de exterminio. Tenochtitlan, fundada en 1325 y arrasada desde 1521 deja en sus huesos la penúltima evidencia de una guerra colonial de aniquilación que instaló la criminalidad en el corazón de los nacientes sistemas políticos y económicos de América que apuntalarían una continua e intermitente guerra civil molecular de todos contra todos. “La conquista” Española, Portuguesa e Inglesa así como el colonialismo emergente nunca fueron erradicados, mutaron en el teatro de la crueldad que no está más en manos de los Virreyes, ominosas figuras de la soberanía continental, sino en un poder más difuso y oscuro que no termina de consolidar el terror, la desconfianza y la crueldad como gubernamentalidad de control biopolítico en la Nueva Tenochtitlan, paraíso distópico de su majestad el Capital. No podemos hablar ya sino a través de los restos, detritus lumínico que destella y atraviesa las pantallas de la crueldad, penúltimo lenguaje válido en tiempos de guerra.

El gran Tzompantli Tenochca se erigía a un costado del Templo Mayor, la joya de Mesoamérica resguardaba en su corazón un gran altar de cráneos. Sagrada estela  de cabezas cortadas, miles de ellas atravesadas y expuestas a una intemperie que provocaría en Franciscanos, Dominicos, Agustinos y demás “conquistadores” la eclosión de fulgurantes y azoradas miradas. Estroboscopia craneal. Los piadosos frailes no podían concebir un altar con miles de cabezas incrustadas, no era necesaria tanta crueldad; para los europeos bastaba con un símbolo, un solo cuerpo crucificado, resucitado o, para hablar más terrenalmente, un símbolo de oro, destellante capital coagulado. Dinero naciente de una futura riqueza traficada. Las demás masacres serían colaterales, necesarias para la conversión de las almas, si acaso lograba demostrarse teológicamente que los indios disponían de alma De rebus hispanorum gestis ad Novum Orbem Mexicumque; lo que sí habían declarado los pueblos bajo tortura es que poseían oro y en grandes cantidades, tan grandes como para financiar la construcción del Archivo de Indias con sede en Sevilla que ahora resguarda, como toda institución cultural, documentos de barbarie.

Todo hueso es resto, esquirla de tiempo dislocado justo en la noche analítica tenemos como relámpagos en los cráneos y medio millar de fragmentos fuera de quicio cuerpos trastornados inmersos en épocas ultrajadas alumbrando identificaciones taxonómicas mal custodiadas con tierra embalando las capas de subsuelo impactadas de vidrio-alambre saco de plástico envolvente persistencia del mundo frente a frente en un único paquete fenoménico: Trinchera de invalidez, simulación e impunidad. Evidencia balística en capas del subsuelo memorial. Todo hueso es retícula. Todo hueso un intervalo.

¿Qué verdad encontramos en este hueso que nos han entregado? Lo tenemos frente a nosotros, y lo indicamos en toda la plenitud con la que se nos ofrece, este hueso es, existe delante nuestro. Este hueso anuncia su peculiaridad no ya como algo que podamos simplemente indicar frente a nosotros, sino como algo a reconocer; el fragmento óseo no se agota en su puro estar-en-frente, en su pura presencia. Éste, el hueso, ¿tenía que apresarnos? Sí, bajo una de sus múltiples modalidades de existencia: su identidad. No su majestad, toda falsa inmediatez está soportada y sostenida por los peritajes vueltos ellos mismos minoritarios. Toda la plenitud de este hueso depende de una afirmación, y poder sostener esa aseveración es la prueba más dura. El reconocimiento de que este hueso fue nuestro camarada y lo es ahora, aquí y ahora, un resto, tan material y pleno que podemos reconocer en él todos los destellos del análisis, todas las tormentas periciales en su grisácea superficie. La experiencia de nuestra conciencia está puesta a prueba, experiencia de una verdad funesta, amarga. Conciencia desgarrada. Este hueso, frente a nosotros, aquí y ahora ha sido identificado, o eso dicen. ¿Cuántas propiedades físicas debe conservar un hueso para poder ser identificado? ¿Cuántas falsas identidades y falsos peritajes puede soportar el espíritu? Todas las posibles pues, aquí y ahora, “El Espíritu es un hueso” y la Razón su amalgama.

72 posibilidades, resultados que no son completamente concluyentes. 72 posibilidades como 72 cuerpos abandonados, casi-certeza de que un fragmento de hueso analizado sí pertenece a Jhosivani Guerrero de la Cruz, normalista desaparecido un 26 de septiembre. Evidencia moderada dicen los de Innsbruk tanteando un ADN casi desaparecido. Los austriacos y sus máquinas universitarias asignando números para la investigación, ¿método? Mitocondrial, no nuclear. Todas las pasiones del alma acotadas por 72 posibilidades de fragmentos óseos hallados en una bolsa. Quizá arrojen ninguna identidad. 63 mil restos óseos carbonizados ¿cuál de ellos resistirá el análisis? ¿cuál de ellos idóneo y propicio aún de enarbolar su ADN, su  identidad? Frágil posibilidad, cuestión de probabilidad. Preciso entonces asignar clave al resto óseo analizado. ¿Metodología-Proceso? Perfilando numéricamente a un joven: 20 años.

Disparan, siempre disparan y dura un chingo la balacera; casquete corto, paramilitar como militar o policía federal, ojalá no te arranquen el rostro y digan luego que fue la fauna nociva, local, salvaje. Las detonaciones, puro ruido & furia, después, lacrimógeno o antes escondidos bajos los asientos, debajo, baleando esquivas avisponeando históricas verdades aguijón. Gas exprimiendo caras, ojos y garganta, pura tos, alcanzando a correr hacia el monte-lluvia desde arriba otros detrás corriendo la lluvia pidiendo un taxi o al cerro-lluvia apagando fuego de nubes bloqueando vista aérea estorbando satélites lloviendo en camionetas municipales deteniendo nos llevan grabando en redilas camionando patrullas carbonizando 63 mil fuegos óseos, Yo-viendo el fuego a sus eventos cayendo ya precipitando basurero de lluvia provocando al río esperando los huesos municipando en bolsas a los nuestros anticipando que esos restos somos nosotros. 63 mil por cien mil mitocondrias destruidas. 43 posibles identidades para miles de huesos destruidos. Identidad y diferencia. Han levantado ya la mayoría de los casquillos.

Eventos del fuego único fuego múltiple e inextinguible lugar sensible infringiendo la no-verdad en mixtos fragmentos abriendo destellos-tierra de conciencia repitiendo una posible hoguera. Certeza-índice sensibles animales no humanos materias no biológicas en clavos-vidrios-neumáticos casquillos esquirlas incendios peritos en incendios botánicos y entomólogos peritos antropólogos arqueólogos criminalistas balísticos analistas de imágenes cabalgando satélites odontólogos traumatólogos óseos genetistas de la interdisciplina en cruce permanente de autoconciencias en cada área fundamental que la forense investigación indispensable hace entender-deshacer aquí y ahora el basurero de fuego aparente prueba del Basurero General de la República.

Los restos designan el universo de la realidad en singular y las “moscas soldado” ya no los atacan, aún nuestros huesos son restos universales a simple vista y ninguna vista más simple que la del Ego Cogito fracturado. Subjetividad trascendental sumergida en hidróxido de sodio hidratado, sosa caustica apodícticamente cierta. Ergo el mundo se limita a ser una mera pretensión de realidad: el mundo es intervalo, fragmento-retícula, membrana, hueso descalcificado, osteoporosis nouménica, peritaje amañado y sembrado de evidencias. Restos óseos, últimos custodios de las cadenas genéticas que habilitan un plural comunicativo; materialismo trascendental-Ego Cogito Un Hueso, última identidad posible de compartir, resguardar. A las Fuerzas Armadas les toca también resguardar.

La tropa anda loca. El Ejercito se queda & pide disculpas, Ejercito & Marina custodian, Ejercito viralizado por videos de tortura; una sentida disculpa en el Campo Marte, ¿hechos aislados? Una disculpa ¿sociedad agraviada? Otra disculpa, Campo Militar no. 1. Disculpas generalizadas & emitidas desde un histórico centro de detención & tortura. Lo evidente: el General se disculpa sentidamente por las torturas; lo apodíctico: las torturas continúan. Las tropas regresarán a los cuarteles cuando las ciudades, calles y pueblos se consoliden como centros de operativos militares: retenes policiacos o falsos retenes de los falsos policías de falsos militares ¿Te hemos contado que nos tiembla la voz en cada reten en que nos detienen? Temor y Temblor hasta los huesos. Evidencia: La Policía militarizando, el Ejercito politizando, el Gobierno estetizando, el Crimen institucionalizando. No hemos terminado de acostumbrarnos a los guachos apuntando, tampoco nos hemos habituado a verlos en las calles. ¿Qué prefieres? A los halcones espiando o a los policías rondando. Un soldado no tiene por qué saber investigar delitos, un soldado no es perito o al menos no los de la tropa, es cierto, un soldado ejerce la violencia como reflejo condicionado estructuralmente por su adiestramiento, cierto, un general adiestrado pidiendo disculpas, cierto, la tropa respondiendo, muy cierto, lo apodíctico: las tropas abatiendo.

Andan cambiando Leyes, “Reformando”, adaptando nuestra “democracia” para las tiempos que corren, ¿y cuáles son esos tiempos que tan rápido nos aventajan? Pragmatismo para una constitución presuntamente avejentada. Nuestros artículos suenan claros a pesar de su formalista jerga jurídica, su prosa es directa, de hace cien años pero directa y sin rodeos, prosa constitucional de los artículos 13 y 129: “Nadie puede ser juzgado por leyes privativas ni por tribunales especiales. Ninguna persona o corporación puede tener fuero. Subsiste el fuero de guerra para delitos y faltas contra la disciplina militar, pero los tribunales militares en ningún caso y por ningún motivo podrán extender su jurisdicción sobre personas que no pertenezcan al ejército” “En tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar” y sin duda en ningún tiempo de paz se permitiría al Ejercito o Fuerzas Armadas llevar a cabo cateos en domicilios particulares, citar a civiles a tribunales militares, abatir en horas de oscuridad, intervenir comunicaciones, espiar a ciudadanos provocando retenes tantas veces falsos, innecesarios. ¡Aguas! No se vayan por esas calles que los guachos andan peluqueando. ¡Aguas! ¡Abuzados!, no anden poniendo el dedo ni anden señalando. Tiempo desencajado, tiempo de paz desarticulado. Las corporaciones policiacas acechando, extorciones trepidando. ¿Seguridad o barbarie?. ¿Qué prefieres? ¿A los guachos masacrando o a los secuestradores laborando?. Estado bulímico, Estado anoréxico, Estado anémico ¿Totalitario? Cuando conviene. El Estado hasta los huesos. Duros de roer.

Que toda vida es milicia dice Séneca, que hemos de tributar con nuestros pesares a la vida, que hemos de impedir verla determinada y subsumida por un capricho, por una negación, por una inconformidad; he ahí nuestra tarea, el lanzarnos impasiblemente a la elección de un destino. Que la unión de todos los tiempos trastornados prolongue nuestra vida, pues le informo que su vida quedó prolongada, sobre todo después de firmar un escrito exculpatorio. Después de su detención un médico naval dio fe de que no tenía signos de maltrato físico, más que un hematoma “de aproximadamente 1.5 por .5 centímetros, localizada en la región lateral izquierda”.

Después de estar detenido, el informe médico cambió y la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (Seido) daba cuenta de unas treinta lesiones en el cuerpo del inculpado. Sin embargo, el escrito exculpatorio indica que fue firmado “de forma voluntaria, sin coacción física ni moral, ni presión, ya que en todo momento, ante esta representación social de la Federación, me ha tratado conforme a derecho y respetando mis garantías individuales, por lo que no es mi deseo querellarme contra nadie ni presentar denuncia contra nadie, por lo que hace a las lesiones que presenta no es su deseo presentar denuncia alguna, tampoco queja ni querella, ya que las lesiones que presento me las ocasioné anteriormente a ser detenido, porque en mi domicilio realizo trabajos pesados”. Ningún trabajo más pesado que firmar bajo coacción. El acusado queda finalmente reducido a su sola fuerza de exculpación ¿mal redactada? con la cual tiende a producir experiencia y realidad objetiva, es decir, proposiciones sintéticas objetivas y válidas que coagulen una “verdad histórica” gubernamental. Las guerras floridas son parte de la redacción.

El lenguaje de los huesos es un lenguaje solitario, un dolor de huesos, un juicio infinito que logra interrumpir sincopadamente las certezas particulares y anular el carácter abstracto de las verdades universales. La verdad hasta los huesos. Nada más especulativo que la enunciación del juicio infinito “El Espíritu es un hueso” o mejor, “El ser del Espíritu es un hueso”. Hacer un juicio infinito es decir el absurdo, proliferar el simulacro. El absurdo hasta los huesos enuncia un sinsentido e indica el posible quiebre de una abstracción. Suspender el sentido mediante anulación de la abstracción universal permite posicionarlo en un nivel fragmentario para hacer la experiencia de su efectividad a quemarropa.

Nada más abstracto que el Espíritu, nada más concreto que los huesos, como ese hueso que los especialistas y genetistas de Innsbruck identificaron como los restos de Alexander Mora Venancio, normalista desaparecido un 26 de Septiembre y con cuyo resto, hallado con otros fragmentos óseos dentro de una bolsa de plástico en las riveras del guerrerense río San Juan, trataron de  apuntalar una “verdad histórica” gubernamental: “Los 43 normalistas desaparecidos fueron incinerados por el crimen organizado en un basurero municipal”. Huele a Historia Oficial.

En un solitario hueso, abstraído de su contexto, se ha hecho descansar una construcción ominosa; desde un fragmento óseo la PGR ha querido posicionar una verdad jurídica siniestra, en un hueso se apuntala la verdad y credibilidad de un relato gubernamental. En una investigación biopolítica de la más alta expresión jurídica, el Espíritu o el Estado Mexicano ha repetido su imposibilidad, encarnándola en la diferencia entre un hueso y su contexto, entre un resto y su imposible totalidad. Evidencias sembradas como punto de apoyo para una “verdad histriónica”.

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